El que sospecha hoy festeja mañana

El fútbol argentino vive continuamente oscilando entre la euforia y la sospecha. Pero nunca se dio esto entre dos grupos bien diferenciados. No hay grieta ni relato, para usar dos términos y conceptos muy de moda en la sociedad y la política nacional. Esto está muy clarito y es muy pragmático: al que le toca se queja, o festeja mirando para otro lado mientras barren la basura debajo de su alfombra.
¿De quiénes hablamos? De todos, sin hacer nombres porque sería una lista interminable, pero al mismo tiempo de nadie ¿Cómo se entiende esto? Es que todos los protagonistas que hacen del fútbol un trabajo (jugadores, DT y todos los auxiliares, dirigentes y periodistas con todas sus variantes y ramas) y quienes lo abrazan como un sentimiento o pasión (los hinchas), ven lo que quieren ver, cuando ocurre lo que invariablemente va a ocurrir sin solución de continuidad en cualquier competencia.
Para todos ellos, alternativamente y de acuerdo a cuestiones que sucedan dentro del campo,  en los clubes, o en Viamonte 1366 (la AFA), los árbitros son un 50% corruptos y la otra mitad incapaces. Claro que si alguno de esos nos favorece cerramos el pico, porque como declamamos no nos interesa mejorar el fútbol sino que el fútbol nos haga felices a nosotros, a cualquier precio ya que la felicidad en esto no se compara con nada. Como hoy en día se festeja tanto la desgracia ajena como la victoria propia, cualquier hombro es válido para llorar y cualquier abrazo para reír,  acomodar el discurso y los argumentos de acuerdo a lo que interese. Ejemplo palpable: Arruabarrena, Angelici y Boca tras el episodio del gas pimienta (contra River en la Copa) y el cuestionamiento a que River se “apuró” al irse. Y el mismo DT diciendo que si volaba una piedra en Rosario (ante Central en la última fecha) él retiraba el equipo. ¿Doble discurso? No, hay uno solo, y es el que contempla que algo o alguien nos favorece o perjudica de acuerdo a nuestra norma y moral, tan flexible como acomodaticia. Se podría parafrasear a Groucho Marx y sacar del bolso los principios que hagan falta para llamar la atención.

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No queremos hacer foco en Boca y Arruabarrena, simplemente es la mejor síntesis muy cercana para definir lo que pasa en el fútbol argentino, que se puede extender al 95% (con generosidad al excluir a un 5%). No hay doble discurso de acuerdo a la conveniencia, hay un solo discurso y es el que proviene del exitismo y resultadismo a ultranza que se ejercita a pleno por estas tierras.
Tampoco vamos a incursionar en temas complejos y de los que poca gente puede opinar con autoridad (nosotros incluídos, obvio), sobre si esto que pasa en el fútbol es reflejo de una sociedad supuestamente empobrecida de valores, o que los hinchas son como son porque además son ciudadanos más o menos comunes. No lo sabemos. Sí sabemos que en el fútbol la mayoría de los protagonistas son absolutamente “veletas” a la hora de juzgar y actuar, de acuerdo a lo que les pasa a favor o en contra.
No es nuevo esto de la bronca ni de culpar a alguien. Recuerdo siendo un pibe haber escuchado más de una vez a mi viejo decir que él vio a muchos hinchas de Lanús romper sus carnets de socios cuando el equipo cayó ante River 3-1 en cancha de San Lorenzo, en el torneo de 1956 (en el que terminó subcampeón). Decían que le había dado el título a River. Vendidos. O comprados. O lo que el hincha quería creer para sufrir menos o para agraviar al otro, o al sistema, el mismo que lo “cobija” cuando la ruleta le canta ganador.
La sospecha en el fútbol es tan vieja como el juego, y seguro debe haber tenido algunos hitos que la sostuviera por “suciedades” en el pasado. ¿Por qué creer que no hubo suciedades en el pasado lejano, mediano y cercano? Porqué, uno se pregunta, hay que pararse en una u otra vereda si esas suciedades nos favorecen o nos perjudican. Por qué no combatir las suciedades desde las propias (de nuestro club) ante determinados hechos. Nada de autoflagelarse, apenas darle la espalda a lo espurio, no festejarlo como válido o aceptable porque otro en su momento lo hizo.
Tal vez el traslado del estado de sospecha termina siendo al cáliz purificador que todos buscan, para seguir subidos al vagón de este circo itinerante.
“De otra manera no se puede creer en nada, che”, se puede poner en boca de cualquiera que esté relacionado con el fútbol desde sus distintas plataformas. Instinto de autopreservación, diríamos.
Por eso será que alternativamente se escucha, como dijimos antes: los árbitros son la mitad corruptos y la mitad incapaces, los jugadores son oportunistas, mercantilistas y no se respetan ni entre ellos, los entrenadores son los máximos cultores del resultadismo y viven vendiendo humo, los periodistas se reparten entre incapaces, partidarios, desde complacientes a embozados comerciantes de sus opiniones, exageraciones o silencios. Y los dirigentes son la mayoría corruptos, mentirosos y endeudan a los clubes en sus beneficios personales.
Si todo esto fuera cierto, incluso en un 50 por ciento ¿no estaríamos peor de lo que estamos en este fútbol argentino triste y despersonalizado? Seguramente, pero como aquello que se escucha a diario no se da en cada fecha y en todos los partidos, la brecha entre la duda y la certeza es tan flexible que acota o alimenta ese apocalipsis futbolero.
En ese contexto, si saltamos cuando nos toca, significa que no siempre saltan los mismos. O sea que el sistema funciona perfecto. Nunca, entonces, van a saltar todos al mismo tiempo. Porqué arreglar algo que funciona de manera sincronizada. No hace falta que esté Julio Grondona para que continúe la cultura del Todo Pasa.
No solo en la AFA, sino en cada portador de la bacteria fútbol.

This article has 3 Comments

  1. Tal como lo cita el brillante periodista, el FUTBOL es basicamente PASION,
    y es a a partir de alli que razonar en una pasion resulta complejo, ya que se pierden las medidas de la razonabilidad y justicia, un poco se da el TODO VALE.
    La enfermedad que provoca la bacteria futbol (bien llamada por Julio)es lamentablemente maravillosa y por lo tanto justificadora de todo.
    Para concluir, es una nota clara, profunda y con un mensaje que espero nos ayude a reflexionar.

  2. Julio, hablas de “reconocer y combatir suciedades propias”?, o sea ver la realidad sin importar de que veredas estás?.
    Fenómeno!, cuando armes ese escuadrón para empezar ese combate cuenta conmigo,voy a estar en primera fila, así a lo mejor recuperamos familias felices, amistades profundas, gobiernos probos, justicia “justa”, libertades verdaderas y disfrutables !!!!
    Ah…hablabas de futbol?….los de River son todos putos !!!!

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